Nuestras Bolsitas de Tés.

En palabras de Eleanor Rooselvet, “las mujeres son como unas bolsitas de tés: nunca sabes lo fuerte que son hasta que las metes en agua caliente.”, es como deseo comenzar mi analogía de nosotras como mujeres en comparación con estas pequeñas bolsitas de especies.
Inevitablemente, todas las mujeres somos como una de estas cajitas variadas; no siempre soltamos el mismo ‘sabor’ al pasar por momentos calientes, como el de una discusión, o el de una ocasión muy furtiva.
Para muchas mujeres no hay nada más que la haga hervir tanto como cuando alguien se atreve a cuestionar o destruir sus afirmaciones o sus planes. Es en situaciones como estas cuando nuestra caja de té puede ser fácilmente abierta liberando uno de un sabor, incluso, bastante amargo. La fuerza del sabor de su té se basa en el tiempo que dura en el agua caliente; dando un color a sus aguas como muy claras, rosas, o amarillas, hasta aguas con colores más oscuros como tinto, verde, o negras. El té más fuerte de una mujer puede llegar a teñir tanto su agua que podría hasta desear quemar con su amargor a quién lo tome. De igual manera, la dulzura de su té relajante y dulce es capaz de acurrucar y cerrarle los ojos a quien sea haciéndolo sentir como un niño.
A pesar de todo esto, al igual que el té, la mujer por mucho que dure dentro de aguas calientes llega un momento en que no soltará ni color ni sabor. Así como cada bolsita tiene una duración determinada, igualmente cada mujer determinadamente reflejará su carácter que no siempre será igual ni en situaciones parecidas.
Aunque tratamos que nuestras cajas estén atiborradas de dulces, frescos, y aromáticos tés, algunas circunstancias nos muestran que siempre guardamos una reserva de un té especial para aquel bebedor que venga con inapropiadas palabras. Y no importa si el bebedor incluye a alguien de nuestra familia, o amistades; igualito todos se toman un sorbito.



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